ayuda pareja

Ideas para parejas

  

 

Para tener una buena relación, todas las parejas debemos reservar un tiempo “para nosotros”, para estar juntos.

 

Necesitamos momentos para dialogar de nuestros problemas y de ilusiones y proyectos; y también otros para hacer simplemente cosas juntos, en los que desarrollamos nuestra camaradería, que es un elemento más de nuestro amor. Nuestra vida de pareja no puede reducirse a “un equipo que soluciona problemas”, porque es una situación que tarde o temprano nos llegará a cansar. Nuestra complicidad se alimenta de esas ocasiones en que compartimos nuestra amistad.

 

Tratamos, por supuesto, de “resolver” las cosas juntos: una reunión con el maestro de nuestros hijos, la compra semanal en el hipermercado, acudir al médico, etc. Pero además hemos de encontrar momentos de ocio para compartir.

 

Muchas veces nos cuesta encontrar esos momentos, porque nuestro tiempo está “completo” con el trabajo, los hijos, la casa, etc.

 

Por eso, no basta con “desear” disponer de ese tiempo: hay que esforzarse por conseguirlo. No estamos hablando de que, por ejemplo, cada persona deba abandonar sus aficiones favoritas, sino que encontremos además algunas actividades comunes para nuestro tiempo libre. Y, a ser posible, que supongan una interacción: leer un libro tranquilamente en casa (cada uno, el suyo) es maravilloso, relajante, necesario y recomendable, pero no es lo que consideramos “actividades en pareja” precisamente. Ni ver la TV juntos, tampoco.

 

Nosotros intentamos reservarnos todos los días un rato para dialogar, sin niños y sin interferencias. Pero, además, vamos buscando actividades que podamos compartir, porque nuestras aficiones son tan distintas como nosotros. Y, con un poco de imaginación, las encontramos. A saber:

 

Pareja bailando

- Solemos ir al cine de vez en cuando, porque así salimos de casa y vamos hablando durante el trayecto.

 

- Una vez a la semana, vamos a una academia a aprender bailes de salón, sobre todo latinos. A veces hay tensiones, pero es un rato muy divertido además de un deporte muy sano (técnicamente, es una actividad aeróbica de bajo impacto).

 

- Bastantes domingos por la mañana nos levantamos pronto y vamos a caminar por el Parque de Cabecera (en Valencia, tenemos el privilegio de haber reconvertido un antiguo cauce en un parque de más de 10 km de longitud). Si andamos durante un par de horas, también hablamos durante ese tiempo.

 

- Otras veces vamos a pasear por la orilla del mar o hacemos alguna excursión por la montaña.

 

Paseando al atardecer

- Procuramos que los cometidos que aceptamos se puedan hacer en pareja. Toda nuestra dedicación en Encuentro Matrimonial, evidentemente; pero también los Cursillos Prematrimoniales, charlas en Escuelas de Padres o en alguna ONG.

 

- Desde que nacieron nuestros hijos, nos reservamos algunos días de vacaciones para hacer un viaje juntos los dos solos, sin niños, en el otoño (que es nuestro aniversario). Si estamos cortos de dinero, nos vamos más cerca o menos días, pero siempre nos vamos. Y, por supuesto, sí que nos llevamos los cuadernos (los de EM nos entenderán).

 

- Gracias a la crisis económica, han prosperado un montón de “páginas web de descuentos” para cenas, tratamientos de belleza, masajes relajantes y todo tipo de actividades extrañas. Desde que las hemos descubierto, salimos muchas veces juntos a cenar o al cine, a precios increíblemente baratos.

 

Conocemos a parejas que se apuntan juntos a cursos de cerámica, de pintura, de fotografía o de inglés, algunos salen a pasear en bicicleta, a otros les gusta visitar a parejas amigas, otros cocinan juntos, o van a yoga,…

 

Y vosotros, ¿qué hacéis para disponer de tiempo juntos?

 

Tú me contagias

  

 

Transmisión de valores

 

Desde nuestra infancia y durante la juventud, vamos aprendiendo de nuestros padres, familia, maestros, amigos…, valores y cualidades que nos son atractivas y que, sin apenas darnos cuenta, vamos incorporando a nuestra vida. Sin embargo y sin ninguna duda, la persona que más ha influido en nuestra vida ha sido nuestra pareja.

 

Al matrimonio vamos cada uno con una historia, cultura, personalidad, valores, etc., distintos y a menudo complementarios, que precisamente nos llevaron a enamorarnos de nuestra pareja.

 

Esta forma distinta de vivir del otro, -valores y matices que nos gustan, distintos a los nuestros-, los vamos incorporando a nuestra propia forma de vivir y van enriqueciendo y complementando nuestra persona.

 

Si somos inseguros, la seguridad del otro nos ayuda a vencer nuestra inseguridad. Si somos introvertidos, observar la apertura de nuestro esposo/a nos ayudará a ser más comunicativos. Si somos muy vehementes, la ternura de aquel al que amamos nos hace ser más prudentes, etc. De esta manera, vamos incorporando, encarnando en nuestra vida, valores que nos van haciendo personas más completas y equilibradas.

 

Sin embargo, muchas veces adoptamos actitudes que nos llevan a competir de manera inconsciente en nuestra relación.

 

Y esto es así porque tenemos barreras, como que:

• Me cuesta admitir que no siempre llevo razón.

• Pienso que mi forma de vivir la vida es mejor que la tuya.

• No me gusta que tus valores sobresalgan sobre los míos.

• Tengo miedo a perder mi identidad, a dejar de ser yo mismo, a que me anules.

 

Tú me contagias

Pero hay veces que bajamos nuestras barreras y nos miramos con admiración.

 

Nos convertimos en el mejor espectador de la vida del otro y nos dejamos contagiar por toda la riqueza que somos cada uno.

 

Una pareja no puede crecer si cada uno piensa en sí mismo, pues el egoísmo no sólo atenta contra la pareja, sino contra la propia realización personal. Tanto la persona como la pareja crecen y maduran en la medida en que desarrollen su capacidad de amar, rompiendo el cerrado círculo personal, al que habitualmente se tiende, y abriéndolo al otro, para entre los dos formar hermosas espirales de vida y de amor, que sin duda llegarán también a cuantos les rodean.

 

Las parejas estamos llamadas a ser una Comunidad de amor, en la que de forma abierta nos irradiemos el uno al otro todo lo que somos, poniendo en ello todas las cualidades que tenemos y todos los dones que llevamos dentro de nosotros. La mejor forma de conseguir todo esto es bajando las barreras que ponemos y destruyendo los muros que cada uno construimos, cuando nos dejamos llevar por nuestras prevenciones y miedos. Una relación abierta y con confianza plena en el otro, propiciará el roce y el cariño de nuestro vivir de cada día, de manera que, sin darnos cuenta, a nuestras cualidades y dones iremos incorporando por “contagio” todas las cualidades y dones que posee nuestra pareja.

 

No temamos pues “contagiarnos” de todo lo positivo que tiene nuestra pareja; todo lo contrario. Recapacitemos y admiraremos entonces toda la riqueza que somos cada uno y que sumadas las dos tienen un valor muchísimo mayor.

 

Del mismo modo, cuando dejamos de hacer a Dios responsable de todo cuanto nos sucede, y somos capaces de no protestarle y no echarle en cara todo aquello que no nos gusta, somos capaces de dejarnos contagiar de todo lo bueno que hay en Él.

(Grupo CERO – PostEM Valencia)

 

Perder para ganar (1ª parte)

  

 

Cuando una pareja inicia su convivencia, cada miembro aporta sus cualidades y sus limitaciones; por tanto, de forma inconsciente se van adoptando “papeles” dentro de la relación en función de las habilidades que cada uno tiene.

 

A medida que pasa el tiempo, nos vamos afianzando en los roles adquiridos. Por simple eficacia, tendemos a hacer lo que mejor se nos da. De ese modo, alcanzamos un cierto equilibrio en el que cada uno colabora en algo y asume unas responsabilidades.

 

convivencia

 

De pronto, nos encontramos con que hay áreas de la relación donde uno de los dos “domina” la situación, mientras el otro lo hace en otras. Cuando hablamos de “áreas” nos referimos, por ejemplo, a llevar las cuentas y los gastos de la casa, a la educación de los hijos o llevarlos al médico, la planificación del fin de semana, ser el encargado habitual de hablar por teléfono, poner la lavadora o la limpieza de la casa.

 

Y no significa que el otro no “colabore” en alguna de esas áreas que el otro domina, sino que “no decide nunca”. Yo soy quién se da cuenta de que ya toca limpiar las persianas, y organizo el fin de semana próximo para que lo hagamos. Ambos colaboramos, pero yo organizo, decido,…domino.

 

Y hay que resaltar que estas “áreas” también pueden ser “emocionales” y no solo de tipo “operativo”, como mantener un clima de cercanía en nuestra relación o tomar la iniciativa en nuestras relaciones sexuales.

 

Un síntoma claro de nuestro dominio es cuando nos descubrimos diciendo frases del tipo:

“Quita, que así no vamos a terminar nunca”,

“¡Ay, si no estuviese yo aquí, no sé lo que harías!”,

“Ya estás otra vez viendo la televisión mientras yo…”,

“¡Qué bien vives! Si yo no controlase nuestras cuentas, ya nos habríamos arruinado”,

…con las que buscamos inconscientemente hacernos aún más valiosos a los ojos del otro.

 

En este “equilibrio” que alcanzamos, algo ganamos: en las áreas que dominamos nos reafirmamos en nuestra capacidad, somos protagonistas e independientes. En las que somos “inferiores”, ganamos en comodidad y nos evitamos obligaciones.

 

Pero este equilibrio aparente puede ser, a la vez, una trampa para nuestra relación. Por un lado, nos crea tensiones cada vez que a alguno le parece que el otro le invade su terreno. Y por otro, nos impide crecer como personas, porque difícilmente nos vamos a atrever a hacer algo diferente de lo que siempre hemos hecho.

 

Esto nos hace vernos limitados e incompletos y, lo que es peor, nos hace conformarnos con lo que creemos que somos, acomodándonos y perdiendo la fe en que podemos ser algo más: mejores personas y más completas, con nuevas habilidades que nos harán vernos más valiosos.

 

(Continuará…)

(Post-EM / Valencia)

 

Artículos por temas

Redes sociales

Siguenos en YouTube Siguenos en Twitter

Siguenos en Facebook Siguenos en Internet

Última pregunta